Pequeña Historia Del Solitario, El Juego De Paciencia Que Nunca Pasa De Moda.

Antes de ser un ícono en nuestras pantallas, el solitario fue primero un asunto de mesa, de cartas que se extienden y se guardan en el silencio de una tarde. Tendemos a creer que este juego nació con la informática, tanto está asociado a ella. Sin embargo, es todo lo contrario. El solitario tiene más de dos siglos de existencia, y su historia, poblada de reyes exiliados, adivinas y salones alfombrados, merece que nos detengamos un momento en ella. Retrocedamos en el tiempo.

Un juego nacido a finales del siglo XVIII.

Las origines del solitario siguen siendo un poco borrosas, como suele ocurrir con los juegos populares que se transmiten oralmente durante mucho tiempo antes de ser escritos. Lo que se sabe es que las primeras huellas escritas datan de finales del siglo XVIII, en algún lugar del norte de Europa, en la zona de los países bálticos, Alemania y Escandinavia. La primera mención conocida aparece en una obra alemana publicada en 1783. Por lo tanto, el juego es mucho más antiguo de lo que sugiere su reputación ultramoderna.

Paciencia, éxito, cábala, un asunto de palabras.

A lo largo de los países, el juego ha llevado nombres diferentes, y estas denominaciones cuentan cada una una pequeña historia. En Inglaterra, Alemania o Polonia, aún se habla hoy de paciencia, una alusión transparente a la virtud que exige el juego. En Escandinavia, se le llamaba cabale, una palabra que huele a misterio. ¿Y en Francia? El término consagrado es réussite, que designa literalmente un éxito, un resultado favorable. Una bonita forma de nombrar el objetivo, poner orden en el caos de las cartas. En cuanto a la palabra solitario, ha terminado por imponerse en todas partes para subrayar lo que hace la naturaleza misma del juego, se juega solo.

El solitario y el arte de leer el futuro

Aquí está el capítulo más inesperado. Varios historiadores del juego piensan que el solitario debe parte de su auge a la cartomancia, este arte de predecir el futuro interpretando las cartas. A finales del siglo XVIII y principios del XIX, en plena tormenta revolucionaria francesa, la adivinación por cartas experimenta un auge espectacular. Extender cartas según un orden preciso, buscarles un sentido, esperar el éxito o el fracaso de la combinación... se entiende que la frontera entre el juego y la adivinación haya podido ser muy delgada. Así, el solitario habría crecido a la sombra de las lectoras de cartas.

Napoleón y la leyenda de Santa Elena

Ninguna historia del solitario estaría completa sin mencionar a Napoleón. La leyenda dice que el Emperador, exiliado en la isla de Santa Elena tras su caída, pasó largas horas jugando al solitario para engañar el aburrimiento. La anécdota es tan tenaz que varias variantes del juego aún llevan su nombre, como el Napoleón en Santa Elena. Sin embargo, los historiadores advierten que hay que ser cautelosos, ya que faltan pruebas sólidas, y podría ser que la leyenda haya embellecido un poco la realidad. Pero no importa, ha asociado de manera duradera el juego a esta imagen del solitario por excelencia, un hombre solo frente a su destino.

La edad de oro de los salones en el siglo XIX

Es verdaderamente en el siglo XIX cuando el solitario se establece en las costumbres. Aparecen los primeros recopilatorios de reglas, se codifican las variantes, y se inventan constantemente nuevas. El juego se convierte en un pasatiempo apreciado en los salones, una manera elegante de ocupar las manos y la mente, solo o en pequeño comité. En una época sin pantallas ni distracciones electrónicas, el éxito de la tarde tenía algo de ritual, casi meditativo. Se jugaba para despejar la mente, ya.

FreeCell y Spider, los herederos del siglo XX

Si el solitario clásico, el Klondike, hunde sus raíces en el siglo XIX, la gran familia de los juegos de cartas no ha dejado de crecer a lo largo del tiempo. El siglo XX vio nacer así a dos de sus miembros hoy en día más famosos, aquellos que reinan en casi todos nuestros ordenadores. Prueba de que este juego de paciencia, lejos de estar anclado en el pasado, ha seguido reinventándose generación tras generación.

El Spider, primero, aparece en las recopilaciones de juegos a principios de siglo. Se juega con dos barajas de cartas y toma su nombre de las ocho patas de la araña, en un guiño a las ocho secuencias que hay que reconstruir para ganar. Durante mucho tiempo reservado a los aficionados más expertos, debido a su dificultad, finalmente logró hacerse un buen lugar entre los grandes clásicos del género.

El FreeCell, luego, cuya historia es sorprendentemente reciente. Su versión tal como la conocemos fue imaginada en 1978 por un estudiante estadounidense, Paul Alfille, en un sistema informático educativo de la época. Al elegir hacer visibles todas las cartas desde el principio, inventó sin saberlo el solitario más estratégico que existe, aquel donde el azar prácticamente no juega ningún papel. Difícilmente se puede ser más moderno para un juego cuyos ancestros se practicaban a la luz de las velas.

Se olvida con demasiada frecuencia que estas variantes vivieron primero en papel, en libros de reglas pacientemente copiados, antes de encontrar una segunda juventud en la pantalla. Entre la mesa de juego del siglo XVIII y la aplicación en el teléfono de hoy, hay toda una larga cadena de apasionados que mantuvieron vivo el juego de cartas, sin jamás romper el hilo.

Sin embargo, estos juegos han esperado pacientemente su momento, transmitidos de recopilación en recopilación, de jugador en jugador, sin nunca atraer verdaderamente a las multitudes. Les faltaba un altavoz a la altura de su potencial. Ese altavoz sería el ordenador personal, y el gran giro iba a ocurrir a principios de la década de 1990.

1990, la revolución de las pantallas

El gran cambio tiene una fecha precisa, 1990. Ese año, Microsoft incluyó una versión del solitario Klondike en su sistema Windows 3.0. El pequeño juego, programado unos años antes por un pasante, no estaba allí por casualidad; debía ayudar a los usuarios a familiarizarse con el ratón y su famoso arrastrar y soltar. El efecto superó todas las expectativas. Cientos de millones de personas descubrieron el solitario en su computadora de escritorio, a menudo durante las pausas, y el viejo juego de paciencia del siglo XVIII se convirtió en uno de los software más utilizados del planeta. Una segunda juventud totalmente inesperada.

Nota Bene: si bien la palabra éxito sigue siendo perfectamente correcta en francés, es el término solitario, heredado del uso americano, el que se ha impuesto en el lenguaje cotidiano y en nuestras pantallas. Dos palabras para un mismo placer, el de ordenar pacientemente sus cartas.

Un juego que atraviesa los siglos

Desde las mesas de juego del norte de Europa hasta las pantallas de todo el mundo, el solitario ha atravesado los siglos sin nunca pasar de moda. Sin duda, ese es su mayor logro, mantenerse fiel a sí mismo mientras abraza cada época. Hoy en día, solo se necesita un clic para reconectar con esta larga tradición y jugar al solitario en línea gratis. Y si esta pequeña inmersión en el pasado le ha dado ganas de explorar sus numerosas variantes, nuestra guía para elegir qué solitario le conviene sabrá orientarle. La paciencia, por su parte, no ha envejecido, y sin duda ese es su más bonito secreto, el de un placer muy simple que no se preocupa por las modas y las épocas.